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El auge de los cursos y bootcamps para aprender machine learning online no es casual. Este campo de la IA se ocupa de dotar a las máquinas la capacidad para identificar patrones, tomar decisiones, realizar predicciones y aprender de forma autónoma. Sus aplicaciones son diversas y comprenden desde la medicina y la ciberseguridad hasta las finanzas, la industria manufacturera o la automoción, donde la conducción automatizada se ha convertido en una de sus últimas fronteras.

Varios estudios revelan que los vehículos autónomos, automatizados o sin conductor son más seguros que los conducidos por personas. China, Estados Unidos y otros gigantes lideran este mercado, cuyo desarrollo no habría sido posible sin los avances en machine learning.

Para circular sin intervención humana, este tipo de vehículos incorpora una red de sensores y cámaras que recogen millones de datos en tiempo real, que posteriormente son procesados por complejos algoritmos. Gracias a ello, pueden identificar curvas, peatones u obstáculos en tránsito y reaccionar a tiempo; por ejemplo, cambiando de carril, disminuyendo la velocidad o realizando una detención de emergencia. En otras palabras, imitan las decisiones de sus operadores de carne y hueso.

Para lograr sus objetivos, el machine learning o aprendizaje automático se sirve de un subcampo conocido como deep learning, que emplea redes neuronales artificiales para resolver conflictos de cierta envergadura. Esta tecnología permite a los vehículos autónomos analizar imágenes de su entorno y responder con acierto a situaciones nuevas e imprevistas: un accidente de circulación en las proximidades, una ambulancia que se aproxima en servicio de emergencia, etcétera.

La conducción autónoma depende de otros avances en IA para funcionar, como el procesamiento de lenguaje natural (NLP), que facilita la comunicación entre el ordenador de a bordo y los ocupantes del vehículo. Con ello, se habilita la navegación por voz, las recomendaciones proactivas y otras utilidades durante el transcurso del viaje.

Todavía recuerdo cuando decidí ir a las Islas Cíes por primera vez hace años; simplemente bajé al puerto de Vigo, compré un billete y subí al barco. Pero eso es historia antigua. Para mi visita en el verano de 2024, aprendí a las malas que entrar en el paraíso ahora requiere estrategia, rapidez y, sobre todo, un código QR que vale su peso en oro.

La planificación empezó 45 días antes. Ese es el plazo con el que la Xunta de Galicia suele abrir el calendario de reservas para la temporada alta para conseguir el permiso islas cies 2024. Me puse una alarma en el móvil. Parece exagerado, pero con un cupo limitado a unas 1.800 personas diarias (más los campistas), los fines de semana de julio y agosto vuelan más rápido que las gaviotas de la playa de Rodas.

El proceso fue una danza de dos pasos que no admite errores. Primero, entré en la web oficial (autorizacionillasatlanticas.xunta.gal). Ver el calendario teñido de rojo (completo) genera ansiedad, pero encontré un día en verde. Rellené mis datos: nombre, DNI, fecha de nacimiento. Al confirmar, la web me dio un código de pre-reserva provisional.

Aquí es donde mucha gente falla: ese código no es el billete y tiene fecha de caducidad. Tenía exactamente dos horas para comprar el pasaje de barco. Si no lo hacía, el código se anulaba y mi plaza volvía al bombo.

Con el código copiado, fui a la web de la naviera (en mi caso Mar de Ons, pero Nabia y otras funcionan igual). Al seleccionar el barco, me pidieron el código de la Xunta. Solo al completar el pago recibí el correo final con el QR definitivo. Ese es el "billete dorado".

Es importante saber que el sistema es estricto. Si reservas y no vas, te penalizan. La Xunta se ha puesto seria con los "fantasmas" que reservan plazas y luego dejan el hueco vacío, impidiendo que otros disfruten del parque.

Cuando por fin llegué al puerto de Vigo esa mañana, con el sol prometiendo un día de gloria, vi la cola de turistas. Los operarios escaneaban los códigos antes de embarcar. Al escuchar el "bip" de mi QR y poner un pie en la pasarela, sentí un alivio inmenso. Todo el trámite burocrático, los clics nerviosos y la planificación desaparecieron en cuanto vi el agua turquesa. Conseguir el permiso requiere esfuerzo, sí, pero es el precio justo para proteger el lugar más hermoso del mundo.

Os Jardins de Sabatini são um dos destinos verdes mais apreciados pelo turismo internacional e pelos próprios madrilenos. As suas duas hectares e meia de superfície são embelezadas por estátuas e topiárias de estilo neoclássico, que atraem visitantes de todos os cantos do mundo. Embora o acesso seja livre, quem se desloca até aqui de carro pode ter dificuldades em estacionar por perto, como acontece ao procurar qualquer estacionamento em Madrid centro.

Estes jardins situam-se entre o Paseo de San Vicente e a Calle de Bailén, em frente ao Palácio Real. Entre as melhores opções para estacionar, destacam-se os parques de estacionamento Príncipe Pío, Cuesta de San Vicente, Cadarso e Plaza de las Descalzas, localizados nas vias próximas da estrada de San Vicente que rodeia o recinto.

Em sentido estrito, a história dos Sabatini começa nos anos trinta, quando as antigas cavalariças de Carlos III foram demolidas para dar lugar a estes jardins. Devem o seu nome ao italiano Francesco Sabatini, que não interveio no seu traçado, mas sim na construção do vizinho Palácio Real e das referidas cavalariças.

Os jardins surpreendem, em primeiro lugar, pela sua rica vegetação e arte topiária. Esta é protagonizada por figuras geométricas e outros motivos que os seus sebos e arbustos «desenham» perante os olhos do visitante. O interesse das suas obras escultóricas não fica atrás. Abriga mais de cem esculturas que representam Afonso X, o Sábio, Isabel a Católica, Jaime I, o Conquistador ou Fernando III, o Santo, entre outros.

Além disso, estes jardins contam com um lago central de design retangular que acrescenta uma nota aquática e refrescante ao conjunto. Os entusiastas da ornitologia poderão observar aqui pombos-torcazes e outras aves autóctones. Graças ao predomínio de árvores de folha perene, desfruta-se de sombra para passear durante todo o ano, o que acentua o atrativo deste enclave turístico.

Si tienes pensado ir a Santiago en coche, hay algunas cosas que es importante que sepas. La primera es que el centro histórico de la ciudad es peatonal. Se trata de calles antiguas y estrechas por las que no circulan coches, por lo que no puedes acceder en vehículo. 

Por tanto, ¿dónde se puede dejar el vehículo? Todo depende de lo que estés buscando. Si lo que quieres es un parking gratuito en Santiago de Compostela puedes acudir a los barrios residenciales de las afueras. En ellos, no hay zonas azules y puedes aparcar libremente. La desventaja que tienes es que no quedan muy cercanos al centro, especialmente aquellos que cuentan con más espacios. Pero, si tienes paciencia, es posible que puedas dejar el coche en alguna zona de más más cercanas.

También existen parkings públicos, alguno de los cuales queda a un paso de la Catedral de Santiago. Al ser público es mucho más económico que algunos de los privados. Otra opción económica son los llamados parkings low cost. Algunos tienen precios tan bajos como los seis euros por día, por lo que no tendrás que preocuparte para nada por el dinero que te cueste estar una hora más. Estos pueden ser los parkings disuasorios que hay en todos los alrededores del centro o los parkings privados que se enmarcan en esta categoría low cost.

Puedes aparcar en la zona azul si no tienes pensado dejar el coche mucho tiempo. Hay que tener en cuenta que en esta zona vas a tener que estar pendiente ya que, si te retrasas porque te entretienes más de la cuenta, podrían multarte. Sin embargo, es perfecta para hacer recados o disfrutar de un rato en el centro antes de irte a tu hotel. Cuando no hay clases, el campus puede ser un lugar ideal para dejar el coche en zona azul porque está muy cerca del centro y cuenta con áreas extensas con muchos aparcamientos. Sin embargo, en días en los que hay clase, puede resultar complicado encontrar un hueco.

Como ves, las posibilidades para dejar el coche son muy variadas y se adaptan a cualquier necesidad y también a cualquier bolsillo. Siempre puedes comprobar de antemano qué lugares hay para dejar tu vehículo en la zona en la que quieres aparcar y cuáles son sus precios para evitar sorpresas a la hora de abonar el estacionamiento.