Todavía recuerdo cuando decidí ir a las Islas Cíes por primera vez hace años; simplemente bajé al puerto de Vigo, compré un billete y subí al barco. Pero eso es historia antigua. Para mi visita en el verano de 2024, aprendí a las malas que entrar en el paraíso ahora requiere estrategia, rapidez y, sobre todo, un código QR que vale su peso en oro.
La planificación empezó 45 días antes. Ese es el plazo con el que la Xunta de Galicia suele abrir el calendario de reservas para la temporada alta para conseguir el permiso islas cies 2024. Me puse una alarma en el móvil. Parece exagerado, pero con un cupo limitado a unas 1.800 personas diarias (más los campistas), los fines de semana de julio y agosto vuelan más rápido que las gaviotas de la playa de Rodas.
El proceso fue una danza de dos pasos que no admite errores. Primero, entré en la web oficial (autorizacionillasatlanticas.xunta.gal). Ver el calendario teñido de rojo (completo) genera ansiedad, pero encontré un día en verde. Rellené mis datos: nombre, DNI, fecha de nacimiento. Al confirmar, la web me dio un código de pre-reserva provisional.
Aquí es donde mucha gente falla: ese código no es el billete y tiene fecha de caducidad. Tenía exactamente dos horas para comprar el pasaje de barco. Si no lo hacía, el código se anulaba y mi plaza volvía al bombo.
Con el código copiado, fui a la web de la naviera (en mi caso Mar de Ons, pero Nabia y otras funcionan igual). Al seleccionar el barco, me pidieron el código de la Xunta. Solo al completar el pago recibí el correo final con el QR definitivo. Ese es el "billete dorado".
Es importante saber que el sistema es estricto. Si reservas y no vas, te penalizan. La Xunta se ha puesto seria con los "fantasmas" que reservan plazas y luego dejan el hueco vacío, impidiendo que otros disfruten del parque.
Cuando por fin llegué al puerto de Vigo esa mañana, con el sol prometiendo un día de gloria, vi la cola de turistas. Los operarios escaneaban los códigos antes de embarcar. Al escuchar el "bip" de mi QR y poner un pie en la pasarela, sentí un alivio inmenso. Todo el trámite burocrático, los clics nerviosos y la planificación desaparecieron en cuanto vi el agua turquesa. Conseguir el permiso requiere esfuerzo, sí, pero es el precio justo para proteger el lugar más hermoso del mundo.